La ley de Murphy. Salida imprevista de una hora. Vuelvo al lugar donde el día anterior perdí el último combate. La primera vez que no me llevo ni la cámara, ni el móvil, y pasó (que si es por eso, ya no me los llevo nunca más, ja, ja!!!), ahí estaba, en los últimos lances, ya que el sol desaparecía y los mosquitos empezaban a asetearme.
Este salió desde costa, y menuda lucha dio... Después de varios saltos en los que intentó desprenderse del anzuelo, y varias carreras, por fin pude llevarlo hasta la orilla. El corazón a mil, y rezando porque todo fuera bien y no volviera a perder otro combate. Una vez en la orilla, me costó bastante desanzuelarlo, ya que no llevaba alicates, así que para casa, y a disfrutarlo, que hacía mas de un año que no podíamos degustarlo.
No me gustan nada las fotos caseras, pero no quedó otro remedio...
La comparativa con una botella de litro.
Un señuelo barato que creo recordar estaba sobre los 7 €.
El bajo era del 0,41, así que no se puede describir la sensación de estrés que se produce desde el ataque hasta que ya lo tienes al alcance de la mano. Esa sensación es lo que compensa los bolos infitos....
También quería agradecer desde aquí, la paciencia de mi mujer, Adela, y de mis hijas Paula (pobrecita, tenía unas décimas de fiebre) y Natalia, que me esperaron en el coche, bajo una nube de mosquitos. Como me encontraba a unos 300 mts., no pudieron ver el desenlace, y se llevaron una grata sorpresa al verme. Las peques montaron una fiesta, ja, ja, ja!!!
Continuará...



